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¿Qué pasa en el cerebro cuando meditas?

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De unos años para acá la meditación se ha puesto de moda y, específicamente, la meditación de atención plena o mindfulness. Se comenzó a difundir principalmente para reducir el estrés, a través de un programa de ocho semanas desarrollado por Jon Kabat-Zinn, y los efectos benéficos que experimentaban quienes participaban en estos programas llamaron la atención de los investigadores. Se ha visto que la práctica de la atención plena o mindfulness no sólo reduce la tensión emocional, sino que aumenta la experiencia de emociones positivas, permite que las personas estén más enfocadas y menos ansiosas. Sin duda, el pionero en el estudio de los efectos de la meditación de atención plena en el cerebro es el Dr. Richard Davidson, investigador del Center for Healthy Minds, de la University of Wisconsin-Madison, quien es un especialista en la neurociencia de las emociones y los estilos emocionales. En su libro The Emotional Life of Your Brain (2013) cuenta cómo, al observar los patrones de actividad cerebral obtenidos por medio de resonancia magnética de monjes budistas (entre ellos el Dalai Lama y Matthieu Ricard), se dio cuenta de que diferían los de quienes llevaban más años practicando la meditación de los principiantes o los de personas que no habían meditado nunca. Aunque se puede saltar a la conclusión de que es la meditación la que cambia la actividad cerebral, para poder afirmarlo necesitaba hacer una investigación en la que los participantes aprendieran a meditar y se pudieran comparar con un grupo de control. Su oportunidad llegó en 1999. En ese estudio pudo probar los efectos del programa de mindfulness para la reducción del estrés (MBSR-Mindfulness-Based Stress Reduction), creado por Kabat-Zinn. En esa época se sabía muy poco de los efectos biológicos de la meditación y este fue el primer estudio aleatorio que buscaba descubrirlos.



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La habilidad de atender el presente

El programa consistió en ocho sesiones de dos horas y media de duración, impartidas semanalmente, con un retiro de meditación en la semana seis. Los voluntarios fueron empleados de una compañía de biotecnología cerca del Center for Healthy Minds, quienes se distribuyeron al azar en un grupo experimental y un grupo de control. Con base en la definición de mindfulness de Kabat-Zinn como la atención al momento presente, sin juzgarlo, las prácticas incluyen centrar la atención en la respiración y escanear el cuerpo o saborear con atención plena. Uno de los primeros hallazgos fue que los síntomas de ansiedad disminuyeron alrededor de 12% en el grupo de meditadores, mientras que aumentó en el grupo de control. El grupo experimental también mostró mayor actividad en el lóbulo frontal izquierdo; de hecho, al comparar sus registros, la actividad se triplicó con respecto a sus niveles iniciales. Esto es importante porque las emociones positivas activan el lóbulo frontal izquierdo, mientras que la depresión y la tristeza activan el lóbulo frontal derecho. El grupo de control, por su parte, tenía menos actividad en el lóbulo frontal izquierdo al paso de las ocho semanas.



La meditación está asociada a un sistema inmune más fuerte

Otra de las pruebas consistió en tomar muestras de sangre de todos los voluntarios en la semana ocho de la intervención. Después se les inyectó la vacuna contra la influenza y posteriormente se les tomó otra muestra de sangre. Los investigadores encontraron que los meditadores produjeron 5% más anticuerpos como respuesta a la vacuna. Esto sería un indicador de que las emociones positivas están asociadas a una mejor respuesta inmune.



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La meditación disminuye la reactividad

Las reacciones agresivas están asociadas a la actividad de la amígdala. Davidson y sus colaboradores encontraron que la meditación crea nuevas rutas neuronales en las que los estímulos viajan a la corteza cerebral frontal, en donde el cerebro busca entender, pero estos estímulos dejan de llegar a la amígdala. Aunque las presiones de la vida cotidiana siguen presentes, la meditación permite que las personas aprendan a distanciarse de los sentimientos de pánico o de estrés. De esta manera pueden elegir responder de una manera más consciente, generando nuevas rutas neuronales, lo que evidencia que la meditación está asociada a un cerebro con mayor neuroplasticidad.

Este estudio pionero mostró que la meditación tiene un efecto biológico y fisiológico en el cerebro, además del efecto en el bienestar psicológico de los participantes.



Referencias:

Davidson, R.; Begley, S. (2013). The Emotional Life of Your Brain. USA: Plume