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Duelo en positivo

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No podemos controlar los eventos de nuestra vida. En muchas ocasiones nos enfrentamos a situaciones no esperadas o que no deseamos; por ejemplo, la muerte de una persona querida. Si estás leyendo esto y estás en una situación semejante, lo primero que debemos decirte es que sentimos mucho el dolor que la vida te presenta. Esperamos con humildad que este breve artículo pueda darte algo de información sobre lo que algunos expertos han encontrado de ayuda a partir de estudios de Psicología Positiva.

La Psicología Positiva tiene dos vertientes: por un lado, el trabajo para potenciar lo bueno y, por otro, minimizar los efectos de lo negativo en nuestra vida. Esto se dice de forma más sencilla de la que se vive.

La psicóloga Lucy Hone, experta en resiliencia y con experiencia en manejo de crisis, perdió a su hija de doce años en un accidente automovilístico. Conocedora de la ciencia del bienestar y a sabiendas de cómo ayudar a otros, sostiene (Hone, 2017) que cuando un evento así sucede la vida que conocemos se termina, y hay que ser realistas, pero, a la vez, enfocarse en lo bueno que la vida aún tiene, para no perderlo. Ante la mezcla de sentimientos de enojo, dolor, ansiedad, incertidumbre, resulta complejo enfocarse en lo que la vida aún tiene de bueno, aunque es necesario. Su frase favorita es: “No pierdas lo que tienes a causa de lo que lo que ya está perdido”. En su caso, agradecía a la vida tener aún con bien a sus otros dos hijos, agradecía a las personas que se acercaban a ayudarle a cada momento. Su trayecto personal queda plasmado en un libro llamado Duelo resiliente.


Por su parte, Christopher Feudtner, director del equipo de cuidados avanzados pediátricos de la Universidad de Pennsylvania, creó una serie de pasos para padres de familia cuyos hijos tienen un proceso terminal. Tratan de la importancia de sentirse en control; esto es, de que los padres participen en las decisiones sobre los últimos días, semanas o meses de sus hijos, lo cual ayuda a la familia a generar un proceso paliativo y de despedida, que le hace aceptar la realidad que no puede cambiar y sentirse satisfecha con el proceso final. No quita la sensación de dolor, pero sí los pensamientos negativos respecto a cómo actuamos y, sobre todo, el que los padres piensen que pudieron haber hecho algo más por sus hijos.

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Ahora bien, es innegable que, con frecuencia, ante este tipo de situaciones adversas, pensamos: “Si yo hubiera hecho las cosas diferentes aún estaría aquí”. Lucy Hone, por ejemplo, afirma a veces pensar en no haber permitido a su hija irse en otro automóvil que no era el familiar.


No obstante, a capacidad del espíritu humano de perseverar va más allá de lo que podemos imaginar. Existe un fenómeno observado en algunas situaciones que la psicología ha llamado “crecimiento post-trauma”; no es otra cosa que la búsqueda del sentido de la vida después de una situación de pérdida importante o un evento traumático. Existe evidencia de que en algunos casos las personas que observan su vida encuentran en momentos difíciles algo que les dio una razón de ser, un motor de cambio positivo.


Lo que se busca no es que las personas pasen por un trauma para crecer, cabe aclarar, sino de ejercitar un crecimiento personal pre-trauma a través de la resiliencia; tal como lo dice Sheryl Sandberg, quien, en coautoría con Adam Grant, en su obra Opción B (2017) habla del dolor de la pérdida como una niebla que no permite ver nada más, pero sostiene que, aun en los peores momentos, hay signos de esperanza. Recientemente, Sheryl Sandberg, quien fuera por años jefa de operaciones en Facebook, compartió su historia: la pérdida inesperada de su esposo.


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Sin duda, la vida nos presentará situaciones inesperadas, pero, como Sandgerg sostiene, de un modo u otro todos vivimos en una opción B de nuestra vida ideal, así que debemos cuidar nuestros pensamientos y sentirnos en control. La fórmula que Sandberg y Grant (2017) sugieren está basada en pensar que la sensación de crisis no va a durar para siempre, la vida aún tiene cosas buenas; la pérdida no invade toda nuestra vida y, finalmente, aunque no lo parezca, el asunto no es personal…: una enfermedad, un accidente, incluso un acto de violencia, no conllevan que el dolor traiga la etiqueta de nuestro nombre.


Si has perdido a alguien importante en tu vida sentimos tu dolor y esperamos que no olvides dejar la posibilidad abierta para que puedan asomarse pequeños tintes de esperanza, de gratitud y amabilidad. Recuerda que la vida aún tiene cosas buenas y que, poco a poco, podrás no sólo manejar tus emociones negativas, sino también disfrutar de la vida y honrar la memoria de tu familiar o amigo teniendo una vida feliz. Si estás leyendo esto por interés recuerda que a todos nos sucederán cosas que no deseamos y que puedes generar recursos antes de que ocurran, para así enfrentarlas de mejor manera.


Referencias:

Hone, L. (2017). Resilient Grieving: Finding Strength and Embracing Life After a Loss That Changes Everything. Workman Publishing.


Sandberg, S., & Grant, A. (2017). Option B: Facing Adversity, Building Resilience, and Finding Joy. Knopf.